LA ARQUITECTURA COMO DESTINO INEVITABLE: UNA LECTURA DE BARAKA
Uno puede pasar por alto movimientos artísticos como no ver una obra de teatro o visitar un museo y detenerse a apreciar una escultura, pero con la arquitectura no hay esa opción; no la elegimos, la habitamos. Por eso creo que es la única forma de arte que de verdad resulta imposible de evitar porque vivimos rodeados de ella. Dormimos dentro de edificios, estudiamos en ellos, trabajamos en ellos y caminamos todos los días entre estos espacios. En ese sentido, la arquitectura es una forma de arte que no solo observamos, sino que la habitamos, define nuestro entorno, refleja formas de pensar y contiene la identidad de una sociedad. La película Baraka (Ron Fricke, 1993) presenta muy bien esta idea sin necesidad de diálogos. A través de imágenes de templos, ciudades, fábricas y multitudes, nos muestra distintas maneras en las que el ser humano ha construido y habitado el mundo.
Esta idea se puede ver claramente en las escenas de templos y espacios religiosos que aparecen en la película. Desde la cultura asiática con fuertes lazos ancestrales, patios de mezquitas llenos de gente rezando al mismo tiempo, e indígenas en el Amazonas practicando sus rituales, todos comparten un factor en común que se adapta perfectamente a su pensamiento y climatología. Fricke filma todo esto despacio, deja que los planos se queden ahí más tiempo del que uno esperaría, y no creo que sea casualidad: esos templos se construyeron para durar generaciones, así que la cámara, al ir lenta, está haciendo básicamente lo mismo. Ahí es donde la arquitectura cobra sentido. El edificio forma parte de la experiencia de esas personas y hasta influye en la manera en que se sienten dentro de él. Por eso podríamos decir que, en estos casos, la arquitectura no es simplemente un fondo para la espiritualidad, sino que ayuda a crear esa experiencia.Más adelante, Baraka cambia completamente de ritmo. Pasamos de esos espacios tranquilos a fábricas, líneas de producción, multitudes moviéndose por la ciudad, el metro y enormes edificios. El contraste con los templos es muy fuerte. En los espacios religiosos parecía que el tiempo casi se detenía; aquí ocurre todo lo contrario: parece que nunca hay tiempo suficiente. Ese contraste también nos permite entender cómo la arquitectura puede reflejar los valores de una sociedad. Una fábrica está diseñada para producir de la manera más eficiente posible. Un rascacielos aprovecha el espacio vertical y concentra una gran cantidad de actividad en un mismo lugar. Las estaciones y los sistemas de transporte están hechos para mover miles de personas rápidamente. Nada de esto necesita ser explicado directamente en la película. Basta con observar cómo las personas utilizan esos espacios para entender cuáles fueron las prioridades. Sin embargo, aunque se vuelve algo más simplificado por su demanda, sigue agarrado a su pasado cultural.
Al final, Baraka presenta dos maneras muy distintas de habitar el mundo. Por un lado, están los templos, donde las personas parecen detenerse y relacionarse con el espacio y tiempo de manera más tranquila. Por otro lado, están las zonas industriales y las grandes ciudades, donde todo parece ocurrir rápidamente. Por eso considero que la arquitectura puede ser una de las formas más sinceras de entender una sociedad. No podemos separarnos completamente de ella porque forma parte de nuestra vida cotidiana. Baraka logra demostrarlo sin necesidad alguna de utilizar palabras.
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